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QUÉ CRISTO PREDICAMOS A LOS JÓVENES

Para proponer la fe con acierto conviene realizar de vez en cuando hoy en día el ejercicio que Rahner propuso en su tiempo: preguntarse qué idea se forman de Cristo y de cualquier verdad de fe “el cristiano y el no cristiano medios, sea para creer en ella, sea para rechazarla como no digna de fe”. Tal reflexión da numerosas pistas para trabajar en terrenos de catequesis juvenil y de adultos, dejando al aire imágenes desfiguradas de Jesucristo, que en consecuencia nos ayudarán a fortalecer los flancos débiles de la cristología que predicamos o más bien la que nos entienden

Los estudiosos creen que los principales semáforos en ámbar de la cristología predicada hoy en día son estos tres. El primero, fácil entre profesores y conferenciantes, es poner de relieve la investigación histórica sobre Jesús, ahora mismo tan relevante y positiva, pero que por su propia metodología tiene que prescindir de la fe so pena de no ser científica. Hay asépticos profesores que se quedan en la mera exposición de esas brillantes lecturas, -y como en el auditorio hay creyentes lactantes-, acaban presentando una cristología mutilada y perjudicial, por insuficiente y escasa. “La figura de Jesús que surge de esos planteamientos es la de un personaje religioso fascinante; sin embargo, se trata de un Jesús meramente humano”. El segundo error muy extendido proviene de un humus de la teología pluralista de las religiones, según la cual la figura de Jesús de Nazaret se equipara a la de otros grandes personajes religiosos de la historia, como por ejemplo Buda, Mahoma o Krishna. Al hacerlo así, de manera explícita o implícita, se está negando de hecho cuanto conllevan los misterios de la encarnación y la comprensión trinitaria de Dios, fundamentales en el cristianismo. A Jesucristo no se le puede situar en el mismo rango que otros grandes personajes religiosos, de la historia porque al hacerlo le sustraemos un elemento básico para la fe cristiana: su divinidad.

Por último, tampoco ayuda al crecimiento de la fe en los jóvenes un tic según el cual se les ofrece una imagen de Jesucristo que no genera adhesión eclesial o, peor aún y no es infrecuente, que fomenta la desafección eclesial. Pretender lograr una fe madura, jamás se alcanza fomentando en la práctica el tópico de moda “Jesús sí, Iglesia no”. Es una visión tan superficial como idiota que, además, no alimenta verdaderamente la madurez de fe en los jóvenes. “Evidentemente Jesucristo es más importante que la Iglesia y siempre se da una distancia entre la segunda, que es discípula, y el primero, que es maestro. Pero también es cierto que la Iglesia es quien transmite la fe en Jesucristo y el ámbito privilegiado para su conocimiento”, escribía certeramente G. Uribarri.

Según la expresión autorizada y certera de W. Kasper: “la profesión «Jesús es el Cristo» -¡y qué bien suena para los vigueses!-, representa el resumen de la fe cristiana”; es decir que la verdadera fe de la Iglesia debe proclamar que este personaje histórico concreto, del primer tercio del siglo primero, que vivió en Palestina, es el Cristo de Dios, el Mesías definitivo, el Enviado de Dios, el resucitado de entre los muertos, el Señor del universo. En esta situación, y dado que uno de los flancos débiles de la cristología, en la que la humanidad de Jesucristo está asegurada, pero no así de modo claro su divinidad, me parece que es muy importante mostrar con nuestro lenguaje la divinidad de Jesucristo, pero también y sobre todo expresar nuestra personal confesión de fe en ella, con lenguajes explícitos particularmente en los momentos de oración y de encuentro personal con el Señor Jesús, dialogando con Él como un amigo y como Nuestro Señor, el Hijo de Dios-Padre. Escuchar a los sacerdotes y a los monitores cercanos orar diciendo “Señor mío y Dios mío”, es una magnífica lección que denota la afectiva relación personal de ellos con Jesucristo; pero será a la vez magnífico testimonio para la devoción personal y la relación creyente de esos jóvenes con Cristo-Jesús, a quien esta tarde seguiremos miles de fieles deseosos de conocerle mejor e imitarle y tratarle todos los días del año y de la vida.

Alberto Cuevas F

Sacerdote y Periodista


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